El 24 de junio de 1935, el avión en el que viajaba Carlos Gardel chocó durante las maniobras de despegue con otro trimotor que estaba detenido en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín (Colombia) y en dos minutos los dos aparatos se vieron envueltos en llamas.
El Zorzal del tango y famoso actor de cine murió carbonizado junto con otras 16 personas, ante la horrorizada mirada de más de 50.000, según las crónicas de ese tiempo. Ochenta y cinco años después de aquella tragedia que conmocionó a Argentina y al mundo entero, aún hay enigmas en torno a la vida y la muerte del «Zorzal Criollo» que no se han llegado a desvelar.
El avión trimotor Ford matrícula F-31 de la empresa Servicio Aéreo Colombiano (SACO) en el que viajaban Gardel y sus acompañantes (entre los que se hallaban Alfredo Le Pera y los guitarristas del cantante) rodó hasta la cabecera sur del aeródromo, iniciando la carrera de despegue. Este, en un principio, fue normal, pero luego la trayectoria de la aeronave tuvo un brusco desvío a la derecha, chocando con el otro avión Ford, de la empresa Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos (Scadta), denominado Manizales, que esperaba a un costado de la pista, aproximadamente a 75 metros del eje de ésta.
Tras el fatal accidente, el cuerpo sin vida de Carlitos fue enterrado en el cementerio de San Pedro, en Medellín. A los cuatro días, el gobierno de Uruguay pidió por él, mientras en Argentina (en plena Década Infame) se conocían las denuncias de corrupción que sacudieron al gobierno del presidente Agustín P. Justo, quien parecía no estar interesado en la fatalidad, pero que acordó una manipulación política para pedir por la repatriación de los restos del mejor cantor de todos los tiempos. Así se inició el extenso y último viaje de Gardel.
“Fue el primero que se lanza a cantar el tango-canción como un género que hasta entonces (1917) no tenía un límite claro. Asume ese riesgo: se lanza a crear algo que no existe. Utiliza tres y luego cuatro guitarras en su acompañamiento; filma una serie de cortos sonoros; graba a dúo consigo mismo; filma en Europa y en Estados Unidos; apuntala la hegemonía de un sello grabador (Odeón) que lo tiene como su artista principal por más de diez años. Llegó antes a todas las innovaciones. Esto, sin hablar de que fue el mejor”, dijo Chab.






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