Mientras recorrían una carretera destruida por las bombas rusas, los policías pensaron que nadie había sobrevivido. Todo estaba muy tranquilo y no había señales de vida.
Observaron sobre la ruta un coche que, evidentemente, había sido objeto de un intenso fuego, con agujeros de bala en las ventanillas y las llantas ponchadas.

Decidieron echar un vistazo al interior para ver si podían encontrar alguna víctima.
Pero lo que encontraron no era en absoluto lo que esperaban.
En el asiento delantero, encogido de miedo y temblando de frío, había un pequeño cachorro.
Los agentes de policía no sabían si el cachorro había sido abandonado o si había perdido a sus dueños en el caos del ataque. Lo único que sabían es que necesitaba amor y cuidados, así que decidieron proporcionárselos.
El cachorro ha sido adoptado por el equipo que lo descubrió. Ahora, el perrito está a salvo y calentito en la comisaría, donde le dan de comer y le dan cariño.
Es una distracción bienvenida para los agentes, que sin duda están pasando por momentos de mucha tensión.







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