Ya sea en alguna de las terrazas, debajo de un árbol, en el patio de la casa o simplemente en el balcón de un departamento, lo cierto es que las opciones a la hora de hacer una pausa al terminar el día tomando algo son muchas, sin necesariamente caer en la moda, a estas alturas latera, del Spritz.
Hay por cierto cerveza, vino y espumantes, pero también un montón de preparaciones clásicas —y otras no tanto— que vienen a alegrar esta tan curiosa primavera austral.
Negroni:
Gracias al renacer que el gin viene experimentando desde hace prácticamente una década en todo el mundo, este antiguo cóctel —que combina partes iguales de gin, Campari y vermú rojo, en un vaso whiskero lleno de hielo más una rodaja de naranja— vive muy buenos días. Es un cóctel potente gracias al gin pero que se nota suave en boca por sus otros ingredientes. Refrescante, como para comenzar a pensar en lo que será la tarde-noche de cualquier día de la semana.
Campari tónica:
Un clásico que jamás ha dejado de tener vigencia en las barras, terrazas y piscinas de todo el mundo. Sí, porque se trata de una bebida que refresca como pocas. Si la jornada es muy calurosa, esta es la solución: una parte de Campari y tres de un agua tónica de calidad, que las hay por montones actualmente. Por lo general, este cóctel se solía preparar en un vaso largo, con mucho hielo, más una rodaja de naranja. Sin embargo, por estos días se le ve mucho más en una copa balón: otra vez, la moda del gin haciendo de las suyas. Como sea, es un gran compañero para el calor que se avecina.
Vodka Tónica:
Otro que nunca dejó de tener un importante lugar en el mundo de la coctelería es esta preparación, que mezcla vodka a discreción y agua tónica, hasta llegar a los tres cuartos de un vaso largo con tres hielos. Para terminar, se toma un trozo de piel de limón —y solo la piel, no la cáscara completa— y se la estruja suavemente por encima del vaso y su borde superior, para que los aceites esenciales que están ahí entren en la preparación. Finalmente se introduce la piel al vaso y estamos listos para disfrutar, probablemente, el primero de varios. Es que esta preparación sirve para partir, seguir e incluso cerrar cualquier jornada.
Vermú
O vermouth, para los más puristas. Se trata de un vino macerado con hierbas aromáticas, que le dan un color y sabor únicos. El vermú rojo (o rosso) es más dulce, y el que más se suele tomar como aperitivo en bares italianos, franceses, españoles y argentinos. Hay diversas maneras de beberlo, pero la más popular y refrescante es esta: en un vaso largo, con mucho hielo, tres cuartas partes de vermú más una rodaja de naranja, llenado hasta arriba con soda (el agua mineral con gas también sirve). Así, se puede finalizar de manera muy fresca una jornada laboral en alguna terraza o balcón, antes de ir por desafíos etílicos mayores.
Dry martini
Al otro lado de la moneda, o en este caso del vermú, tenemos al famosísimo Dry Martini, o martini seco, disfrutado por Churchill, Hemingway y —en la ficción— James Bond. Se trata de la mezcla de una onza de vermú blanco y dos onzas de gin, todo revuelto en un vaso con bastante hielo y luego colado, para terminar sirviendo en la tradicional y cónica copa de martini. ¿Algo más? Una cáscara de limón —la tradicional colita de chancho — o una aceituna verde. Y listo. Un cóctel lleno de historia. que sirve para cualquier día del año y a cualquier hora. ¿Lo quiere más seco? No hay problema. Hay gente que lo bebe tan seco que ni siquiera abre la botella de vermú para prepararlo.






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